Sombra.

De baja estatura, pelo castaño largo y ondulado, ojos grandes de color marrón, y una sonrisa que hacía brillar esos lindos ojos.
La pequeña tendría 5 ó 6 años. No puedo asegurarlo, porque aparentaba menos edad de la que en realidad tenía. Sin embargo, a pesar de algún que otro defecto de pronunciación en alguna letra, la niña se expresaba de una manera muy madura, y bastante verborrágica.
Su comienzo en el colegio no había sido nada fácil. Extrañaba, no lograba integrarse.
Pasaron los años, y el tema de la dificultad de integración siempre la persiguió. Era buena alumna, pero casi siempre andaba sola. Incluso al hacerse mayor, ya casi por empezar la escuela secundaria, se pasó muchos recreos sufriendo por no tener con quien estar.
Las burlas fueron siempre moneda corriente. Porque no era buena en Educación Física, porque no era linda, porque sabía más que los otros, etc.
La escuela secundaria fue más de lo mismo. Sin embargo, logró hacerse de algunas amistades, y obtuvo cierto respeto por ser tan buena para cierta materia; le pedían ayuda. Y nunca dejó de tener de buenas, a muy buenas notas. Por supuesto, que así como le costaba Gimnasia, tenía algún otro punto débil. Pero, su promedio siempre estuvo alrededor de ocho.
Por suerte la escuela finalizó. ¿Qué le depararía la universidad?
Lo más importante: gente con gustos e ideas afines, personas de mente abierta que aceptaban a los demás sin juzgar. Sus mejores amigos los conoció allí.
No pudo continuar con la carrera que había elegido, a pesar de que lo intentó, porque, lo que desde su niñez había sido una pequeña sombra, ahora que nuestra protagonista no tenía ya la contención escolar ni el control de los padres (ahora que ya era una “adulta”), se reveló como algo que, al parecer, había crecido a la par que ella.
Procuró en varias ocasiones, y de diferentes maneras, deshacerse de eso.
No lo logró.
Entonces, la sombra comenzó a hacerse más grande que ella, a cubrirla. Y ella tuvo que volver a alejarse de la gente, sola con su sombra, y resignada a un destino que no había elegido, pero, el único que “su amiga” le permitía, mal que mal, desarrollar.

Por momentos pudo abrirse paso, desgarrándola. Pero sólo por cortos lapsos de tiempo.

Hasta que un buen día, después de haber caído hasta lo más bajo, la sombra no había desaparecido del todo, pero se vio obligada a darle una importante cuota de libertad.
Y ella pudo crecer un poco, pudo conseguir algunas cosas, a lo largo de varios años.
Llegó un momento en el cual, hasta creyó que la sombra casi se había desvanecido. Pero, la sensación de libertad y bienestar sólo le duró un período no muy largo de tiempo…
La sombra resurgió, y esta vez está más fuerte que nunca…

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El derecho a no nacer.

Ella no recuerda prácticamente nada de su infancia, salvo el hecho de que la misma no fue feliz; no fue “normal” como la de la mayoría de los niños.
Su madre se casó con su padre sin haberlo amado. Su padre quizás tampoco haya amado alguna vez a su madre. Él no quería tener hijos. Era un hombre mucho mayor que ella, y muy particular.
Sin embargo, en esa situación tan poco amable, ella fue concebida, y luego nació en una aún peor. La madre debería haberse ido de la casa, pero no pudo.
Ella era la primogénita para ambos (sujeto de prueba). Ellos dos eran como el agua y el aceite.
En lugar de detenerse ahí, tuvieron dos hijos más. Pero, la peor parte se la llevó, sin lugar a dudas, ella, la primera.
Conjunción de extremos, madurez apresurada, sobreexigencia y sobreprotección. Nada bueno bajo el sol.
¿Qué mejor que reprimir todos los recuerdos de tamaña experiencia? Pero, claro, reprimir no es hacer desaparecer; es dejarlos en lo más profundo, donde siguen haciendo daño…

Sombra.

Los límites de "la" realidad...

De baja estatura, pelo castaño largo y ondulado, ojos grandes de color marrón, y una sonrisa que hacía brillar esos lindos ojos.
La pequeña tendría 5 ó 6 años. No puedo asegurarlo, porque aparentaba menos edad de la que en realidad tenía. Sin embargo, a pesar de algún que otro defecto de pronunciación en alguna letra, la niña se expresaba de una manera muy madura, y bastante verborrágica.
Su comienzo en el colegio no había sido nada fácil. Extrañaba, no lograba integrarse.
Pasaron los años, y el tema de la dificultad de integración siempre la persiguió. Era buena alumna, pero casi siempre andaba sola. Incluso al hacerse mayor, ya casi por empezar la escuela secundaria, se pasó muchos recreos sufriendo por no tener con quien estar.
Las burlas fueron siempre moneda corriente. Porque no era buena en Educación Física, porque no era linda, porque sabía más que los otros, etc.

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Sombra.

De baja estatura, pelo castaño largo y ondulado, ojos grandes de color marrón, y una sonrisa que hacía brillar esos lindos ojos.
La pequeña tendría 5 ó 6 años. No puedo asegurarlo, porque aparentaba menos edad de la que en realidad tenía. Sin embargo, a pesar de algún que otro defecto de pronunciación en alguna letra, la niña se expresaba de una manera muy madura, y bastante verborrágica.
Su comienzo en el colegio no había sido nada fácil. Extrañaba, no lograba integrarse.
Pasaron los años, y el tema de la dificultad de integración siempre la persiguió. Era buena alumna, pero casi siempre andaba sola. Incluso al hacerse mayor, ya casi por empezar la escuela secundaria, se pasó muchos recreos sufriendo por no tener con quien estar.
Las burlas fueron siempre moneda corriente. Porque no era buena en Educación Física, porque no era linda, porque sabía más que los otros, etc.
La escuela secundaria fue más de lo mismo. Sin embargo, logró hacerse de algunas amistades, y obtuvo cierto respeto por ser tan buena para cierta materia; le pedían ayuda. Y nunca dejó de tener de buenas, a muy buenas notas. Por supuesto, que así como le costaba Gimnasia, tenía algún otro punto débil. Pero, su promedio siempre estuvo alrededor de ocho.
Por suerte la escuela finalizó. ¿Qué le depararía la universidad?
Lo más importante: gente con gustos e ideas afines, personas de mente abierta que aceptaban a los demás sin juzgar. Sus mejores amigos los conoció allí.
No pudo continuar con la carrera que había elegido, a pesar de que lo intentó, porque, lo que desde su niñez había sido una pequeña sombra, ahora que nuestra protagonista no tenía ya la contención escolar ni el control de los padres (ahora que ya era una “adulta”), se reveló como algo que, al parecer, había crecido a la par que ella.
Procuró en varias ocasiones, y de diferentes maneras, deshacerse de eso.
No lo logró.
Entonces, la sombra comenzó a hacerse más grande que ella, a cubrirla. Y ella tuvo que volver a alejarse de la gente, sola con su sombra, y resignada a un destino que no había elegido, pero, el único que “su amiga” le permitía, mal que mal, desarrollar.

Por momentos pudo abrirse paso, desgarrándola. Pero sólo por cortos lapsos de tiempo.

Hasta que un buen día, después de haber caído hasta lo más bajo, la sombra no había desaparecido del todo, pero se vio obligada a darle una importante cuota de libertad.
Y ella pudo crecer un poco, pudo conseguir algunas cosas, a lo largo de varios años.
Llegó un momento en el cual, hasta creyó que la sombra casi se había desvanecido. Pero, la sensación de libertad y bienestar sólo le duró un período no muy largo de tiempo…
La sombra resurgió, y esta vez está más fuerte que nunca…

Sombra.

De baja estatura, pelo castaño largo y ondulado, ojos grandes de color marrón, y una sonrisa que hacía brillar esos lindos ojos.
La pequeña tendría 5 ó 6 años. No puedo asegurarlo, porque aparentaba menos edad de la que en realidad tenía. Sin embargo, a pesar de algún que otro defecto de pronunciación en alguna letra, la niña se expresaba de una manera muy madura, y bastante verborrágica.
Su comienzo en el colegio no había sido nada fácil. Extrañaba, no lograba integrarse.
Pasaron los años, y el tema de la dificultad de integración siempre la persiguió. Era buena alumna, pero casi siempre andaba sola. Incluso al hacerse mayor, ya casi por empezar la escuela secundaria, se pasó muchos recreos sufriendo por no tener con quien estar.
Las burlas fueron siempre moneda corriente. Porque no era buena en Educación Física, porque no era linda, porque sabía más que los otros, etc.
La escuela secundaria fue más de lo mismo. Sin embargo, logró hacerse de algunas amistades, y obtuvo cierto respeto por ser tan buena para cierta materia; le pedían ayuda. Y nunca dejó de tener de buenas, a muy buenas notas. Por supuesto, que así como le costaba Gimnasia, tenía algún otro punto débil. Pero, su promedio siempre estuvo alrededor de ocho.
Por suerte la escuela finalizó. ¿Qué le depararía la universidad?
Lo más importante: gente con gustos e ideas afines, personas de mente abierta que aceptaban a los demás sin juzgar. Sus mejores amigos los conoció allí.
No pudo continuar con la carrera que había elegido, a pesar de que lo intentó, Porque, lo que desde su niñez había sido una pequeña sombra, ahora que nuestra protagonista no tenía ya la contención escolar ni el control de los padres (ahora que ya era una “adulta”), se reveló como algo que, al parecer, había crecido a la par que ella.
Procuró en varias ocasiones, y de diferentes maneras, deshacerse de ella.
No lo logró.
Entonces, la sombra comenzó a hacerse más grande que ella, a cubrirla. Y ella tuvo que volver a alejarse de la gente, sola con su sombra, y resignada a un destino que no había elegido, pero, el único que “su amiga” le permitía, mal que mal, desarrollar.
Por momentos pudo abrirse paso, desgarrándola. Pero sólo por cortos lapsos de tiempo.
Hasta que un buen día, después de haber caído hasta lo más bajo, la sombra no había desaparecido del todo, pero se vio obligada a darle una importante cuota de libertad.
Y ella pudo crecer un poco, pudo conseguir cosas, a lo largo de varios años. Llegó un momento en el cual hasta creyó que la sombra casi había desaparecido. Pero, la sensación de libertad y bienestar sólo le duró un período no muy largo de tiempo…
La sombra resurgió, y esta vez está más fuerte que nunca…

Engaño.

La clave es engañarse a una misma; pero yo ya no tengo ganas, ni tampoco me lo creo más. ¿Entonces qué me queda?

La única salida, es irse de este mundo. Uno que no tiene sentido, mires por donde lo mires. Si tan sólo pudiera… Pero, llegada a esta altura, ya es demasiado tarde, incluso para huir. Porque, así como es de ilógico este mundo, lo que me espera es la nada, algo completamente inaprensible.

No sé qué me produce más angustia, no puedo decidirme: si la nada misma, o esta inercia llamada “vida”.

Y, lo cierto es que, mientras siga quedándome con lo que “tengo”, porque “malo conocido es mejor que bueno por conocer”, no podré hacer otra cosa que seguir intentando mantener mi personaje.

No me queda otra que seguir engañando a los demás, y, sobre todo, a mí misma.

Esto NO es VIDA. Es NADA; sólo que una conocida.

Sobre los “puntos de vista”…

Este último tiempo, una cosa se me ha hecho patente. No es que sea novedad, para nada. Pero, producto de un cambio favorable que está sucediendo en mi vida, el término “punto de vista”, ha comenzado a tomar otra dimensión para quien escribe.

Podría llegar a comparárselo con “la opinión”, pero, a mi parecer, el punto de vista es algo mucho más amplio, más abarcativo. Creo que hasta podría decirse que INCLUYE  a la opinión de cada uno. Es el lugar de inicio de la misma. Para poder opinar sobre cualquier tema, es necesario contar antes con determinado punto de vista; éste es algo intrínsenco a nuestro ser. Sin embargo, no se trata de algo innato, sino que va formándose a medida que la persona crece y adquiere experiencias. Por eso mismo, el entorno dentro del cual alguien se forma, las cosas que van ocurriéndole, son ingredientes indispensables para la creación del mismo.

Yendo al significado puramente literal del término, podríamos armarnos una imagen, de un ente situado en x lugar, el cual, desde ese sitio, mira lo que va aconteciendo. En un principio, se trata de algo pasivo; el sujeto necesita reflexionar, atar cabos, tener en cuenta diferentes posibilidades (el tiempo que cada uno se tome para hacerlo, varía de acuerdo al tipo de personalidad).

Cuando se decide a pasar a la acción, eso que estuvo gestándose, finalmente, NACE. Y no necesariamente mediante palabras, también puede ser a través de actos.

La perspectiva (sinónimo de nuestro término), no es algo invariable. Muy por el contrario, por el mismo hecho de que al individuo siguen pasándole cosas, ellas contribuyen a que el punto de vista se enriquezca, e, incluso,  se afirme. Pero que se afirme, tampoco significa que se torne en algo definitivo.

Si bien considero que la manera de ver el mundo está directamente relacionada con la esencia del ser humano, una parte de la misma, es esa que puede modificarse varias veces a lo largo de una vida.

No creo, por lo tanto, que pueda producirse un cambio radical en el punto de vista de una persona. Tal vez si pasara por una de esas “experiencias reveladoras”, o “límites”. En ese tipo de situaciones (no tengo prueba empírica como para explayarme sobre el tema, porque nunca he vivido una experiencia de ese tipo), quizás, y tan sólo QUIZÁS, la forma de ver lo que nos rodea, podría MUDAR COMPLETAMENTE.